Menys que un club: El Barça de Bartomeu

¿A quién no le gustaría presidir al club de sus amores? Ser la cabeza de tu equipo del alma (al menos en los despachos), ver cada partido desde un cómodo asiento en el palco, codearse con las estrellas que conforman la plantilla… Un sueño…

25 Aug 20174 min

By @Puyolofia

¿A quién no le gustaría presidir al club de sus amores? Ser la cabeza de tu equipo del alma (al menos en los despachos), ver cada partido desde un cómodo asiento en el palco, codearse con las estrellas que conforman la plantilla… Un sueño para muchos aficionados al futbol.

Pero no todo es miel sobre hojuelas porque no solo es disfrutar la vida junto al escudo que tanto adoras, también debes lidiar con las responsabilidades directivas que (tal vez) ni siquiera puedas cumplir. Porque si el equipo no marcha bien, la gente en las gradas querrá ver cabezas rodando, entre ellas la tuya. En esta encrucijada ha caído Josep Maria Bartomeu, presidente del FC Barcelona desde hace tres años y medio.

El Camp Nou ha sido la oficina de varios presidentes durante el siglo XXI; desde Joan Gaspart con su amor incondicional por el club, pero una época oscura para los blaugranas, hasta las excentricidades de Joan Laporta, mismas que “coincidieron” con el mejor Barcelona de la historia.

Bartomeu llegó a la presidencia en 2014 luego de que Sandro Rosell dimitiera tras el “caso Neymar”, mismo que aún sigue dando mucho para hablar. Aquella temporada terminó con tonos negros para el Barcelona, pues no alzó ningún título con Gerardo Martino como entrenador. Pero el futbol da tantas vueltas que, un año después, y tras una revolución en la Ciudad Condal, el conjunto ‘culé’ volvió a tocar el cielo consiguiendo un segundo Triplete con la ‘MSN’ como su arma letal. Aquel verano, con el socio enajenado con un equipo que había puesto otro sello en la historia del balompié, se celebraron elecciones presidenciales en las que, por supuesto, Bartomeu se llevó la victoria.

Sin embargo, en ese mismo año, el modelo que tanto defendió Johann Cruyff respecto a la cantera empezó a desplomarse con un amargo descenso del Barcelona B a la tercera división española. Los éxitos del primer equipo eclipsaron por completo este conflicto.

El peor error que cometió la directiva culé fue creerse poseedores de un equipo invencible, por lo que decidieron reforzarse apenas con Arda Turan y Aleix Vidal, aun sin importar la marcha de un hombre como Xavi Hernández, un representante total del tiki-taka. Aquel vestuario era una bomba de tiempo y quedó demostrado en la temporada siguiente, donde a pesar de lograr Liga y Copa, los de Luis Enrique sufrían a sobremanera para competir contra los grandes equipos. No había fondo de armario, los suplentes no estaban a la altura, y los once de siempre tampoco eran máquinas.

El curso 2016-2017 fue más de lo mismo, si no es que peor. Se ficharon seis jugadores de los cuales solo dos rindieron de acuerdo a las exigencias. Los demás apenas pasaban por la mente del aficionado o el técnico. No hubo un final feliz. El

Barcelona vio al Real Madrid llevarse su tercera Champions League en cuatro años; ni en los peores sueños. Bartomeu, como siempre ante los momentos duros, solo sonreía. Su junta directiva no acertó ni una para un equipo que se notaba más débil aun con tanto refuerzo.

Este verano ha sido toda una novela para el Barcelona: fueron a París para fichar a la estrella Marco Verratti, y terminaron quedándose sin el italiano y sin el mejor jugador del mundo, Neymar, en una jugada dolorosa para la afición; el brasileño no quería ser la sombre de Lionel Messi, y Bartomeu tampoco logró poner muchos obstáculos para su venta. Semanas posteriores, los diarios deportivos se encargaron de lanzar nombres y nombres de posibles fichajes.

Un buen día a alguien se le ocurrió publicar que iban por Paulinho… y no era broma. Al final llegó el brasileño, de 29 años y con un costo de 40 millones. Ernesto Valverde, nuevo director técnico, ni siquiera estaba enterado. Al ‘scouting’ de Ariedo Braida y Robert Fernández no se le ven ni pies ni cabeza. Pero, nuevamente, Bartomeu solo sonríe.

Un equipo grande debe salir al mercado e ir con todas las armas por las estrellas mundiales o por jugadores que puedan cumplir con los deseos del entrenador. Pues bueno, en Barcelona todo se vino abajo tras la salida de Neymar y el fichaje fallido de Verratti. Aun con 222 millones en el banco, no han sido capaces de cerrar un equipo competitivo.

Volviendo al tema de La Masía, a Bartomeu parece importarle poco, al menos en la esencia de esta. Si bien es decisión del entrenador del primer equipo si alinea o no a un juvenil, es el presidente quien debe promover un ambiente en el que el técnico pueda confiar en lo que se produce dentro de la institución.

No obstante, la directiva se dedicó a fichar jugadores de edad considerablemente avanzada para el equipo ‘B’ mientras el capitán, Grimaldo, se iba al Benfica portugués con más pena que gloria. Y casos así ya ha habido muchos en los últimos meses, donde los canteranos prefieren poner su futuro en manos de proyectos más atractivos y no en la que ha sido su casa por años. Como ya he dicho: Bartomeu solo sonríe de oreja a oreja. ¿Qué futuro le espera al primer equipo si los jóvenes se van y el mercado cada vez es más exigente con los gigantes?

Aquel estilo que distinguió al Barcelona y lo llevó a la gloria, ha desaparecido; le duela a quien le duela. Y a sus dirigentes poco parece importarles mientras haya un crecimiento económico. La mesa actual no está capacitada para mover los hilos de un equipo que debe luchar a diario para defender y engrandecer su historia. La única luz en este túnel oscuro es y seguirá siendo (hasta que él quiera) Lionel Messi, que, de no ser por su amor incondicional al escudo, habría hecho las maletas hace tiempo con destino a Inglaterra o a Francia.

Queda esperar qué le depara el futbol al Barcelona para este ciclo futbolístico. Pero, más allá de que se consigan o no títulos, este club necesita un botón de reinicio. Que el gigante se construya desde los valores que le caracterizan y vuelva a ganarse el respeto en el campo por parte de todos, incluso de su eterno rival.

Por: @Puyolofia

Foto:ALEJANDRO GARCÍA/EFE

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